San Juan y sus otredades

10:15 Fran Ibáñez Gea 0 Comments





In memoriam

En mí, que siempre he sido un humano de secano, nunca se ha cultivado la costumbre de celebrar San Juan a la negrura del mar. En el día previo se pregonaba la noche más mágica, compitiendo con la epifanía, y al siguiente las playas sembradas de plásticos y residuos. Lo más probable es que esa sea una máxima en nosotros: las buenas intenciones concluyen en resultados desperfectos.

En la etapa universitaria, muchos de mis buenos, y todavía buenos, amigos eran de costa. Para cuando llegaba esta fecha ya había un operativo declarado para que todo fuera quirúrgicamente correcto. Con el mismo ímpetu que un almonteño al saltar la reja, una cita ineludible a la que invitaban al resto de los allí deambulantes, pues la razón de ser de esta magia era echar un buen rato en amistad y compañía. Por un examen o por otro, terminé por no ir jamás. En el Ysabel de Granada, bendita siempre sea, los mundanos nos quedábamos desiertos y el colegio mayor cogía durante esa tarde de desbandada hasta el regreso una atmósfera cartuja envolvente. Aquel patio acuartelado por los magnolios era presidido por una fuente. Por muchos esfuerzos castellanos, por las venas de la ciudad siempre correrán las aguas nazaritas. Y en aquella alberca con rubor milenario metíamos los pies con los apuntes en la mano. Gente de paz con la misma serenidad que una tribu de sabios. De esto hace ya bastantes años. Hoy todos médicos, profesores, enfermeros, arquitectos y traductores, de título al menos.

Después me mudé a Madrid y huroneando en alguna que otra ocasión en la revista GQ me llamó la atención cómo se lo montaban. Era la puerta grande con la que la villa recibía el verano. Una calle de famoseo y buenrollismo congregado para disculpar a modo de fiesta el no tener la fortuna de haber nacido en el mediterráneo. Había que hacer algo para atraer la suerte litoral y este grupo de genios bajo patrocinio dispusieron una calle como alfombra roja para congregar el famoseo más chic y emergente. Vamos, que era pasar revista a Instagram en 360 grados. En tanto que los cámaras pillaban desprevenidos felices a los asistentes nosotros ya llegábamos tarde. Mas estaba el punto de cocción ya cogido al escenario y todo seguía latiendo hasta el final. La última vez, el año pasado, precovid, fui con Rebe y Fran, para el vulgo ysabelino, Muchapi y Kissme. Arrasando, como aquel que dice, todas las tiendas se convertían en una experiencia, con sus propios djs y sus mojitos servidos. Quizás el kilómetro cuadrado con más photocalls de toda Europa. Fue una noche inolvidable. Una despedida. Madrid lo dejaría en diez días y ya tenía un futuro incierto cosido a pespuntes. Alguien de mi familia me llamó para decirme que mi gato, 16, había muerto. No sé si fue el alcohol o la emoción de no haberme podido despedir lo que hizo que la sal de aquel agua de San Juan la pusieran mis lágrimas.

Pero Kissme se lanzó a por tres gintonics, con más garbo que Mufasa, y brindamos en medio de desconocidos a la salud del santo felino. Rosalía le hacía de réquiem con su malamente. Seguimos bailando y disfrutando como Cenicienta. Mis mosqueteros tenían horario de oficina así que se disolvieron con obediencia las estrellas. Este covid-año hubiera subido a Madrid sólo por celebrarlo otra vez, lejos de la arena y de las cenizas. No sé si San Juan tendrá magia, pero sí es cierto que no todos los fuegos que se saltan tienen llamas.


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Bandos y martirios

10:28 Fran Ibáñez Gea 0 Comments





La memoria histórica se ha convertido en una justicia poética. Los que tenemos la vista puesta en la historia como maestra a la que consultar nuestro presente, no nos cabe duda de lo reveladora que es cuando asalta la duda y la confusión generada por quienes vierten sus emociones en nostalgias encaladas.  

La guerra civil española parece ser la madre de todas las guerras batidas entre hermanos. Una espada atravesada entre el pecho y la espalda que borbota la sangre ardiente en un reguero de acequia por los campos de España. Y un sol hirviendo los putrefactos cadáveres apilados en cunetas al abrigo de hierbajos desordenados.

Así prendieron en ambos bandos, a cada cual más inocente, pero, en cualquier caso, todos hijos de un mismo padre, esposados a la idea de un país más libre y más decente. De esta manera apresaron a José Antonio en Alicante y lo mataron, más si cabe con la oportunidad brindada de haberse podido salvar a cambio de un puñado de hombres republicanos. En el otro bando arrestaron a Federico, que sin juicio ni trato que lo absolviera, fue fusilado en el albor de la madrugada, sin que diera tiempo a que sus amigos falangistas pudieran salvarlo.

Después llegó la posguerra. Las reglas eran claras como el agua. España era un país de vencedores y vencidos, y su tratamiento sería el que le correspondiera. Aquellos que venían de los cuarteles acuartelaron el país y lo hicieron a su imagen y semejanza. Una libertad contra las armas.  Federico yacía anónimo aún, en alguna fosa junto con otros que custodiarían una bala en sus entrañas para siempre. Quisieron censurarlo, restarle fuerza a un torrente implacable. Sus lectores, sus amigos y familia, todo el mundo supo del guernika del arte que fue su asesinato. Una vela encendida en cada verso pronunciado, pues si murió de noche en la plenitud de un campo desnudo de amapolas fue para que lo bañaran de gloria las estrellas.

De José Antonio, sus amigos y seguidores de camisa azul rescataron su cadáver. Una procesión a pie llevó el sepulcro de su líder por los caminos de Castilla hasta llegar a Madrid. Cincuenta días de travesía y peregrinaje para rendir honor al fundador de Falange. Lo enterraron en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en la misma cripta donde reposan los restos de los Reyes de España. Allí estuvo José Antonio, hasta que fue construido otro faraónico monumento, la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos a modo de altar titánico, al que fueron trasladados los restos, donde descansan hoy, y donde fue sepultado con honores décadas después el que se negó a salvar a uno y el que mandó asesinar al otro.

Dos hombres que corrieron la desgracia de la guerra. Con la ancha diferencia que mientras para uno, durante cuarenta años se infundó la idea de héroe y mártir patrio a Primo de Rivera, para otro, en paradero desconocido, una corona de flores es colocada en un barranco en agosto, a la suerte de que en alguna parte, bajo aquella tierra árida y seca de retamas, se diera el sueño eterno de García Lorca. La justicia no exige de olvidos, en ella va por delante la memoria. 

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La cultura es matriarcado

12:31 Fran Ibáñez Gea 0 Comments



En época de flaqueza y debilidad, la salvaguarda de apostar por los elementos que nos protejan y aseguren toda calidad de vida es un gesto de inmediata intuición. Así sea que sorprende cómo algo tan elemental a nuestra esencia, fragua de identidad y polvo benévolo, que al igual que en Pompeya, nos envuelve y manifiesta una carcasa de hábitos y costumbres, se ha marginado lo más fundamental de participar en el arca de Noé que los gobiernos han creado contra el covid-19.

Hablamos de la cultura. Madre y maestra de la civilización. Por ella existe tanto el cielo como su negación. Las bellas artes y el buen comer. Incluso el andar de pie. Es un suspiro arrojado a la calma, de vernos por fuera cómo somos verdaderamente por dentro. No es ninguna insensatez reivindicar que alguien salga a su auxilio, pues junto con la naturaleza, conforma un matrimonio único que nos sostiene. Demostramos ser unos hijos desagradecidos cuando perdemos consciencia de que sin este matriarcado no somos más que un número desplazado en un mundo irrelevante. Un nihilismo angosto e insufrible.

Cuando a Galileo se le atribuyó el espetar aquella genialidad entre vacilaciones 'eppur si muove' o la interjección de Arquímedes 'eureka' la cultura brindó luz al mundo. La misma que sonaba en la caída del muro de berlín en la interpretación que Rostropovich hizo de Bach o el entonado Bella Ciao como aliento fraternal contra el fascismo. Entre ellos, Platón ilustraba entre banquetes y cavernas ensombrecidas, Cervantes se acogía a un hidalgo caballero para retratar, en difícil gesta, el temperamento hispano o Santa Teresa que vivía sin vivir en sí, contestando al ser o no ser hamletiano. Una duda metódica cartesiana, que fuera adelantada por Avicena o Agustín de Hipona, para resumir que sin el pensamiento no existe creación, no existe vida. ¿Entonces para qué luchamos? Se preguntaba Churchill, cuando le comentaban por la importancia de la cultura ¿Acaso valía la pena responder al bombardeo de Londres, a la invasión de París, al holocausto? La daga del nazismo fue asestada para la cultura, inequívocamente. Las vidas cobradas era por cada uno de los representantes que la conforman, todos nosotros, herederos y usuarios, portadores y custodios.

¿Qué diferencia la pérdida de la biblioteca de Alejandría, con el incendio de Notre Dame o la destrucción de Palmira? Nada. A lo largo del tiempo la amenaza siempre ha caído sobre el conocimiento. La sabiduría como enemigo de la necedad. Es nuestro deber ser defensores de una cultura responsable, comprometida y rigurosa. La historia no es una anécdota del pasado, sino una lección consciente con un valor incalculable. El cine, la literatura y las bellas artes la reinventan, la acogen y la exponen desde distintas perspectivas para ofrecer una pluralidad disciplinar de lo que somos. Se someten a crítica, tienen audiencia, son la flor del esfuerzo. La humanidad necesita de humanismo para entenderse, para seguir adelante y sobre todo, para conseguir la confianza de creer que todo lo que haga tiene sentido.


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Lugares con historia: Hospital Real de la Caridad

9:28 Fran Ibáñez Gea 1 Comments




Los museos son las instituciones en las que más confianza deposita la sociedad. Su valor divulgativo, de servicio público, conservación y restauración del patrimonio, los convierten en centros referentes donde se apuesta por la cultura y el impacto que ésta pueda causar para beneficio de la sociedad a la que se acerca. 

Muchos son los lugares llenos de historia con los que convivimos y a los que negamos su interpretación. Los olvidamos y relegamos a un uso meramente decorativo de la vía pública, a pesar de su estado ruinoso. Sus fachadas se desmoronan y el interior, que un día estuvo lleno de vivencias, queda relegado a un vacío por donde danzan las palomas. Quizás por medio de la nostalgia o la curiosidad, alguien vuelve a poner su atención en ellos. Es uno de los peores silencios a los que sometemos nuestra historia. De este padecimiento no se libraba tampoco el Hospital Real de la Caridad de Guadix, un insigne enclave que ha prestado servicio a la ciudad desde la reconquista

Esta institución fue fundada por los Reyes Católicos, sirvió para alimentar a pobres y hambrientos, así como cuidar enfermos y hospedar transeúntes. Servía de paritorio y también de orfanato. Toda vida nacía y moría entre sus paredes. Más tarde, su demanda obligó a trasladar la sede al lugar donde hoy se encuentra el Museo del Hospital Real de la Caridad, el Colegio Jesuita de San Torcuato. El edificio tiene unas peculiaridades que lo hacen único para la ciudad y a la vez es mismamente el ejemplo de lo que la ciudad fue. Se construyó sobre los restos romanos del antiguo pósito. La Guadix romana, la Julia Gemella Acci, nudo de la vía Augusta, es un gran asentamiento a cuyos ciudadanos se le otorgó los mismos privilegios como si de la misma Roma se tratase. Con la rehabilitación del edificio, este espacio arqueológico se integró de una forma muy satisfactoria, pudiendo evidenciar este guiño de la historia. 

Por otra parte, en la iglesia que forma parte del complejo arquitectónico, de cruz griega, se construyó la primera bóveda en este tipo de edificios de la ciudad. Hasta entonces todas habían presentado un aspecto de nave con artesonado mudejar, a excepción de la catedral que aún seguía en construcción por aquel entonces. Así mismo, aun habiendo sido San Torcuato el fundador de la primera diócesis en la península y nombrado patrón de Guadix, no se había hecho un templo en la propia ciudad a su advocación hasta la llegada de los jesuitas. 

En esta nueva sede el hospital continuó en funcionamiento hasta los años ochenta del siglo xx, cuando ante las necesidades de crear un espacio más acondicionado a las últimas tecnologías, se inaugura en la ciudad un centro de salud más actualizado a las demandas de los usuarios. Entonces el edificio cerró y las monjas de la Caridad dejaron de ejercer el encomiable servicio que habían prestado para los accitanos y accitanas. Treinta años después, el Hospital Real de la Caridad abre sus instalaciones con la adaptación musealizada de algunas de sus salas, con el fin de dar testimonio de la función que tuvo y de lo que supuso su presencia durante los siglos que se mantuvo en activo. 

Sus curiosidades, particularidades y demás anécdotas pueden verse en este espacio, que no sólo custodia con orgullo su pasado, sino que su renovada vocación de Centro Cultural Abierto presenta nuevos retos y aportaciones para el futuro. 




Hospital Real de la Caridad

C/ Hospital 8
Guadix, Granada

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La Unidad de España

16:14 Fran Ibáñez Gea 0 Comments


La Unidad de España es sinónimo de éxito. Ahora bien, que eso ocurra, poner a todo el mundo de acuerdo sólo puede pasar en contadas suerte de ocasiones. Cuando los franceses nos invaden, Franco muere o gana la selección la copa del mundo. Es una unidad muy exquisita. Sucede que todo se logra. No importa cuál sea la dificultad del conflicto, que si los planetas se alinean y hay un motivo nacional para unirse, a España no le van a faltar fuerzas. Pero claro, como practicaba Velázquez, daba unas cuantas pinceladas de maestría y se echaba a dormir. Genética patria la del Vuelva usted mañana.

Es en el episodio de la transición española donde todos los españoles tienen grabada la idea y admiración de que la unión hace la fuerza. Un episodio lleno de carisma, emoción y leyenda que subraya la mitológica y azarosa hazaña que fue conseguirla. Años complejos que llegaron a fraguar un sistema digno de lo que el país y su gente merecía. Echando la vista atrás, se coronará en el fervor popular al presidente Adolfo Suárez como maestro de ceremonias de aquella encasquillada España que debía dar un paso al frente si quería salir de la gris condena. Fue un mazazo, como el que le dieron al muro de Berlín, que derribó dialécticamente un púlpito que diseccionaba el territorio en buenos y malos.

El Rey Juan Carlos obró en consecuencia de las directrices de su padre. Se desvinculó de la política atendiendo a la experiencia del último rey, su abuelo Alfonso XIII. Por ello, tuvo a un Cánovas a su lado que forjara una política inexistente. Acudió a su íntimo amigo Adolfo Suárez y a Torcuato Fernández Miranda. Ellos eran la voz del Rey. Traer el divorcio, hablar con los independentistas o abrir las puertas a los comunistas. Se empezaba a restablecer la España de todos. Pero esta triada no fue la única artífice de devolver a cada español la soberanía prisionera. Ni Suárez por sí mismo, ni el rey por mucho rey que fuera habrían podido trabajar solos por tal envergadura. Aquí tenía que estar de acuerdo la inmensa mayoría para poder hacer frente a un proyecto común de tan grande magnitud. Útil y duradero.

Así y en primer lugar, el Partido Comunista que había sido el diablo rojo y mal supremo para los franquistas, supieron atesorar talante sin buscar revancha. Su papel no fue pasivo, sino decisivo. Sin ellos y los republicanos, no habría existido la moral de contención que serviría de doblecambio a la dictadura. Ellos traían aquel aire revolucionario, el recuerdo del martirio y la expulsión como judíos. Carrillo y la Pasionaria tomaban asiento en su escaño cuarenta años después por el Congreso con todas las garantías, delante de aquellos que los habían señalado como enemigos de guerra. Diputados como Tamames se habían hecho comunistas, siendo conservadores, porque era el único partido que iba en contra del franquismo. Ellos supieron retener y guiar a los republicanos comunistas exiliados en esta idea de la nueva España. Ver a Alberti, habiendo sido uno de los encargados en evacuar el Museo del Prado, junto a María Teresa León, durante la guerra civil. Ser compañero de los asesinados Lorca y Miguel Hernández. A los padres de la memoria como fueron Unamuno y Machado. Detonó el silencio contra Jacinto Benavente o Juan Ramón Jiménez. Corrió las cortinas para que entrara la luz de Picasso. Hasta entonces sólo el surrealismo de Dalí tenía patente en el régimen, y después del mismo Franco el que más No-Dos protagonizó.

Por su parte, Felipe González con el Partido Socialista, y doscientos escaños cuando gana las elecciones, establece una hoja de ruta progresista situando a España en los niveles de los países de primer nivel. Si Suárez es el encargado de coger la llave hacia el nuevo sistema, es González quien abre la puerta. El primer gobierno socialista estuvo más de diez años. No tenía oposición. El pueblo premió su liderazgo de la izquierda, apostando por un candidato joven y decidido a ilusionar al país.

Otro importante personaje fue Marcelino Camacho, sin él y su aprobación, sin el consenso con los obreros y proletarios, una huelga tras otra se habría sucedido. Mayo del 68 había incendiado París, a España llegó con cuentagotas, pero sin el miedo de la represión hubiéramos tenido chalecos amarillos con detalle durante toda la transición. Son los obreros y la población trabajadora la que consigue reivindicar los históricos Estatutos de Autonomía. No es un regalo que saliera de ninguna cámara parlamentaria. El propio Tarradellas recién llegado del exilio confía y da garantía a las palabras del rey. 

Quien no puede quedar atrás es Tarancón. El poder de la iglesia, con diecinueve millones de personas yendo a misa los domingos en aquel entonces, era fundamental en España. El cardenal que hizo llorar a Franco amenazándole con la excomunión, fue el responsable de apaciguar un rebaño de conservadores y falangistas que pedían su cabeza (Tarancón al paredón, se decía). Pero es indudable que sin su figura España no habría llegado a buen puerto. Cuando se reunificó Italia y el Papa condenó la privación de la soberanía de los Estados Pontificios, ordenó a los católicos, es decir, a la inmensa mayoría de italianos, a no votar ni formar parte de ese sistema político. Claro está, si los italianos no votan, qué democracia iban a tener para la nueva Italia. Pues ya tenía Victor Manuel II la jugada del Papa hecha. Hasta los Pactos de Letrán, casi sesenta años después, no se levantó ese veto oficial.

Mas no se puede olvidar tampoco la figura de la propia familia Franco. La que había sido la familia más mimada y privilegiada durante el régimen era relegada y 'jubilada'. Asumida en el ostracismo nacional, sólo los benefactores y afortunados que habían engrosado sus carteras les dirigían la palabra. Aún así, si la hija del general no hubiera leído públicamente el dictamen de su padre, como solemne recordatorio post mortis deseo de ley, casi aún de cuerpo presente, de que Don Juan Carlos fuera rey, el ejército se habría hecho con el poder del que disponían y habrían calibrado otro futuro para todos nosotros. Un testamento que no agradaba a una cúpula apodada el búnker, por la obstinación que procesaban. El apoyo incondicional de militares como Gutiérrez Mellado al nuevo sistema, que fue uno de los que paró el intento de golpe de Estado de Tejero, Armada y Milans del Bosch, la nación debe agradecerlo y recordarlo. Insólito fue ver cómo un bigotudo teniente entraba cargándose a tiros la escayola del techo del Congreso, pero más insólito fue cómo, escondidos los diputados, un señor mayor, enjuto y endeble, siendo tambaleado por la guardia civil, exige parar aquello de inmediato. El único que tenía en aquella sala el respeto militar para amedrentar a los asaltantes.

De esta manera, siete padres fueron los que crearon la Constitución. Todos ellos de distintas ideologías y formaciones políticas. Todos a una en la España sin rencor. Una lista comprendida por un monarca orquestando a políticos conservadores, socialistas y comunistas, sindicalistas, independentistas, curas, franquistas y militares. Esa es la verdadera unidad de España. No es cuestión de una imposición territorial. No es una lengua. España es todo y todos. Ningún gentilicio es ilegal y cada uno desde su propia perspectiva puede aportar al proyecto común en el que España está trabajando. Desde las ciudades autónomas e islotes de África, el Sáhara manquepierda, los archipiélagos en el Mediterráneo y el Atlántico, la propia península o aquella micronesia que quedó en el olvido pero que aún tiene vigencia española. Todo eso y todo lugar en el que una mujer y un hombre comulguen con la lengua de Cervantes, Verdaguer, Unamuno o Rosalía de Castro llevarán parte de España en ellos. Porque no es más español Madrid que Ceuta o Logroño, Vigo y Sabadell.

Con la vista en nuestros días, en el que existe un Gobierno de Coalición con la ayuda de controvertidos grupos del Congreso no es algo que deba extrañar, sino parte de ese milagro español que surge cuando la unidad llama a la puerta. Ojalá el resto de sectores quieran negociar y consensuar, aportando su granito al futuro que nos espera. Me quedo con las palabras de Almodóvar en la última gala de los Goya cuando se refirió a Pedro Sánchez y le dijo: Espero que le vaya bien, porque así nos irá bien a todos los demás. 


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Sevilla

16:10 Fran Ibáñez Gea 0 Comments




Sevilla es la ciudad donde palpita el corazón de España. Ella en sí es un piropo. Su galantería corteja a cualquiera que ponga pie en sus adoquines. Es una callejuela con azahar en su vuelo; una tarde taurina sobre el albero. Una calesa que lleva a la flamenca en abril a los Remedios. Tiene un lenguaje y estilo propio. Bendecida por todas las artes habidas, Sevilla es un verso que hila el cielo con la tierra. Un Murillo y un Velázquez. Santa Justa y Santa Rufina. Antonio y Manuel Machado. Los Bécquer y los Álvarez Quintero. Una saga de hijos que esparcen al mundo la semilla de la maravilla que puede ser la lluvia en Sevilla. 

Capitaneando Andalucía, hay cuatro puntales de los que uno no puede prescindir cuando se acerque a verla: 

La Giralda. La catedral gótica hermana las dos grandes culturas de la historia hispana: musulmana y cristiana. La torre, con su giraldillo a la cabeza, llegó a ser la construcción más alta en España. La belleza de su arquitectura sirvió de inspiración para que la Giralda tuviera una prima en Kansas City y otra en el antiguo Madison Square Garden de Nueva York. En Carmona también hay un campanario que se asimila a su peculiar morfología. En tierra, la catedral de Santa María de la Sede custodia los restos de insignes personajes como San Fernando, Alfonso X el Sabio o Cristobal Colón. Es el monumento más emblemático de la ciudad, al igual que sus vecinos Reales Alcázares, que ponen de manifiesto la importancia que este bastión tuvo durante los siglos habitados por los árabes. 

Plaza España. El recinto monumental de la plaza de España en Sevilla fue mandado hacer por Alfonso XIII para la Exposición Iberoamericana de 1929. Medida hasta el último detalle, sus azulejos llenan de esplendor este lugar en el corazón del Parque de María Luisa. Un pulmón de vida donde confluyen las tendencias más actuales con música tradicional. Entre Plaza España y la Catedral hay algunos importantes monumentos como el Palacio de San Telmo (la Moncloa andaluza), el histórico hotel Alfonso XIII o la Real Fábrica de Tabacos. 

La Macarena. La Esperanza Macarena es una de las grandes protagonistas de la tan conocida Madrugá sevillana. Su culto es muy extendido y conocido en todo el mundo. La particularidad de la imaginería que enluce esta leyenda viene dada desde su creación, ya que la talla del siglo xvii es anónima y popularmente se conoce que la propia virgen hizo la Esperanza Macarena. 

Por otra parte, las cinco mariquillas que porta al pecho la virgen son un regalo del torero Joselito El Gallo. Traídas desde París a principios de siglo xx, las supuestas esmeraldas tienen un estilo art-nouveau y fueron una de las tantas donaciones que el matador hizo a la imagen. Cuando Joselito murió en la plaza de Talavera de la Reina, por primera vez vistieron de riguroso luto a la Macarena, en contra de algunas opiniones como las del mismo arzobispo de Sevilla. Cuando se instaura la II República y hay un brote de anticlericalismo, muchos conventos de la ciudad fueron incendiados. El párroco de San Gil, refugió la imagen de la virgen en la tumba del torero, dado que si él se había encomendado tantas veces a la Macarena en la plaza durante su vida, ahora en la muerte fuera él quien pudiera protegerla. El único que sabía esta noticia de la desaparición y paradero de la imagen, por si al párroco le sucedía algo, era su cuñado Ignacio Sánchez Mejías. 

Triana. Es uno de los barrios más famosos y populares de Sevilla. Separado del centro por el Guadalquivir, el puente de Isabel II es uno de los enclaves más afortunados con unas vistas espectaculares de la ciudad. El atardecer es el momento idóneo donde poder apreciar sobre el propio río Gualdaquivir la Torre del Oro, la Maestranza y la Giralda en una orilla, y la personal y entrañable calle Betis que regenta la vereda trianera del río. Pasear por las calles de Triana te conduce a las entrañas de la misma Sevilla. 

Es una ciudad con una fuerte personalidad, llena de leyendas y de monumentalidad. Los vikingos la asolaron en cuatro horas. Para entonces estaban recién instalados los moros, pero la Giralda aún no había tocado el cielo. Siglos después su luz y el color albero dominan el embrujo sevillano. 

Y tiene además Sevilla, y no de mentirijilla, una gracia y un seseo, 
una juerga y un jaleo, y un olé que es de Sevilla. 


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El sueño de la razón

11:02 Fran Ibáñez Gea 0 Comments



A D. Francisco de Goya y Lucientes se le reconoce su grandeza por la vigencia de su obra. Por la capacidad de sobreponerse al estilo de su época para plasmar la agonía que le rondaba. Tuvo el acierto de retratar con la misma verdad a la familia real como a sus propios miedos. La ilustración en la que creció anteponía la razón al misticismo y devoción que consumía España en analfabetismo. Ante el abuso e insistencia de la lógica, despiertan las sombras que permanecen inherentes a la locura, que emanan de la oscuridad del alma y que visten de crueldad la realidad esquilmada. 

Comprometido como un corresponsal de guerra, empieza a empaparse del día a día de cainísmo y venganza que derrota a la humanidad. No existe misericordia entre los garrotazos. Excesos y violaciones que empobrecen. Esta rutina de desgaste moral decepciona y enferma al pintor, el cual, tres años antes de su muerte escribe una carta a su amigo Joaquín María Ferrer diciendo: "Agradézcame usted mucho estas malas letras, porque ni vista, ni pulso, ni pluma, ni tintero, todo me falta y sólo la voluntad me sobra". Es la voluntad la salvación artística de Goya, que no se pierde cuando no hay orden, sino que él sigue el dictamen de su creación. 

Goya se había envenenado con la preparación durante años del blanco albayalde con el que pintó tanto en su primera etapa. Rico en plomo, este compuesto inhalado en el proceso de majado conllevó a asentarlo en su sordera y delirio. Esto lo hizo adoptar una sensibilidad mayor, yendo más allá de lo físico, de lo carnal. Era el aura y la atmósfera. El temor y la pena. La prisión y la condena. Criticó la indolencia, la vejación con la vejez y la insultante opresión hacia las mujeres. En sus dibujos acompañó frases afiladas que punzaban en la conciencia. Ingenió pintura y literatura para hacer del arte un vehículo que pudiera hacer reflexionar a sus coetáneos. Él era la fábula, en un instante, con todas sus criaturas.

En 1815, aun habiendo pasado la depuración de Fernando VII, el rey lo jubila y lo sustituye por Vicente López. Éste revés sacudió en tormento las esperanzas de Goya por conquistar la corte, como lo había hecho con Carlos IV. Recluido en la nueva Quinta del Sordo, hace un ejercicio íntimo de pintar frescos de la propia finca por expiar o materializar sus miedos y perturbaciones. Justo a la entrada, en el recibidor, pintó a Doña Leocadia Zorrilla con mantilla, una mujer meditando enlutada sobre la muerte. Ausente, sin carácter en el rostro, pareciera un ánima que señala y augura la presencia inexcusable de la parca. Una espera fiel y constante. Un destino consciente para el maestro por su abandono y vejez para el que sólo el tiempo sería árbitro de sus últimos momentos. Cuando todo estaba hecho, las pinturas negras cobran vida. 

La segunda pintura negra es Saturno devorando a su hijo. Nace el expresionismo. Goya va más allá de toda representación. Reina el hecho, la acción. El poder ha consumido sus hijos, un mensaje político. No es algo casual. Hay una intención. Saturno con alevosía y premeditación actúa. Y todo este miedo, esta sensación amedrantada de ser castigados se ve en el resto de frescos como El Aquelarre en los que la población se reúne pavorosa enfrente del mismo mal. En cada sala del palacete existe una presencia retratada por Goya. Vigilado por sus pesadillas hasta que se exiliase a Burdeos. La razón que tanto se invocaba, idolatraba y perseguía dónde está. Dónde quedó la salvación. En la ausencia de la luz, todas las bestias impacientes salen de sus cavernas e imperan. El sueño de la razón produce monstruos. 



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Jaén

12:45 Fran Ibáñez Gea 1 Comments



Entre castillos y olivos se asienta Jaén. Una tierra que sin costa, se ve envuelta en un mar centenario. Peinado por el aire, sus olas braman dominando colinas y cerros escarpados. Un paisaje único que cosecha el mismo oro de sus olivares. 

Acontecen aquí grandes batallas que marcaron el devenir de los tiempos. Las Navas de Tolosa (1212) abren paso el valle del Guadalquivir a las tropas cristianas. Al poco, San Fernando entraría en la capital y el reino de Jaén, con sus fortalezas y castillos serían una importante frontera con el reino de Granada. La Batalla de Bailén (1808) enfrenta las tropas francesas del general Dupont con las de resistencia del general Castaños. El punto de inflexión que comprometería a Napoleón en su ocupación. Por tanto, y sin duda alguna, esta es una ciudad con abundante historia para consigo y el resto de España. 

Hoy sólo queda sombra de aquel gran esplendor que se custodia con recelo en la catedral de Andrés de Vandelvira. Un penacho que se alza sobre la masa contagiada en el poco aprecio al exquisito gusto que tanto honor hizo el renacimiento. La falta de respeto y protección a sus espacios se extiende al casco histórico, salvándose un puñado de esquinas que tienen por obligación ser lo que fueron. Iglesias y palacios tienden a seguir guardando una imagen fiel de sí mismos. Aunque sus barrios ya emprendieron un camino por actualizarse sin contexto.

En cuatro apuntes se descubre la realidad mágica que se puede ver en la ciudad de Jaén: 

La Catedral. Obra original de Andrés de Vandelvira, sella su estilo en la Sacristía y Sala Capitular. Su fachada barroca presidida por Fernando III, el Santo, sus capillas interiores y el coro son un conjunto artístico de excelente calidad. En este templo dedicado a la Asunción de la Virgen, se encuentra el santo rostro o santa faz, una tablilla-reliquia que plasma el considerado como rostro auténtico de Jesucristo cuando la Verónica le secó en el Calvario sus lágrimas. Este edificio es referencia y símbolo junto con el castillo de Santa Catalina, fortaleza árabe que hermana las dos culturas que durante el pasado milenio han convivido en la ciudad. 

Los Baños Árabes de Jaén son los mejores conservados de toda Europa. Ubicados en la parte baja del Palacio de Villardompardo, este espacio está dedicado a fines museísticos en los que se encuentra este recóndito emplazamiento de la historia, residente de silencio y retiro. De grandes dimensiones, estos baños continúan siendo notarios del esplendor musulmán que gobernó la  taifa de Jaén en la edad media. En el barrio de la Magdalena también se encuentran numerosas iglesias de gran valor arqueológico y artístico, así como leyendas que conjuran la mística de la ciudad. Entre ellas se encuentra la del Lagarto, una exótica leyenda que consolida la bravura, embrujo y antigüedad de sus gentes. 

La Mella. Los alrededores de Jaén gozan de un valor paisajístico muy interesante. Entre este mar de olivos sobresalen montes y colinas. Una de ellas, coronando la ciudad, es la Mella, un paraje en altura desde donde poder apreciar a vista de mirador el castillo y la catedral. Un refugio que, a golpe de halcón, hermana la geografia de las vecinas localidades de Mancha Real, Úbeda o Baeza.

Sus bares y su gente. Jaén es una tierra que de primeras conquista con el pan con aceite. Y prosigue con un reguero de bares que se derraman por toda la ciudad. Desde San Ildefonso al Parador pasando el Postigo o la Peña Flamenca, la gastronomía jienense es de gran calidad. Y qué mejor combinación que disfrutarla con amigos. La gente de Jaén ha cautivado a este trotamundos de las artes, todos los buenos con los que me reuní y coincidí en Madrid se volvieron familia. No hubiera pensado en darme la oportunidad de descubrir esta ciudad si no fuera por ellos.




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