Hygge: La felicidad en las pequeñas cosas (II)

1:01 Fran Ibáñez Gea 1 Comments



En el post anterior relacionado con esta corriente "Hygge: la felicidad en las pequeñas cosas (I)", hacíamos una breve presentación de lo que se nos mostraba como lo verdaderamente hyggelig en el libro de Meik Wiking (2017)

Si algo nos debe quedar claro del Hygge es su afán por una sociabilización íntima en comunión con el medio natural que les rodea. La creación de un ambiente presente y el esfuerzo por desentenderse de los problemas, dejarlos en la puerta, y entrar sin prisas a cualquier lugar para disfrutar del ambiente y la energía hygge. El momento clímax para llevar a cabo esta composición de los elementos hacia una filosofía de la felicidad es en navidad, cuando el frío azota, los grandes montículos de nieve purifican y aíslan, el antídoto para salvaguardarse es la hibernación controlada alrededor del fuego, entre velas, leyendo un libro, enmantado de frondosas y suaves telas. Aun así, durante el resto del año siempre vas a encontrar situaciones favorables muy hyggelig. Aquí en España el mes de abril es, digamos, de feria en Sevilla, el de mayo de los patios de Córdoba y en junio el Corpus en Granada y el orgullo gay en Madrid, en Dinamarca las actividades ideales primaverales son salir de excursión o un fin de semana en la cabaña. Las diferencias son abismales, y es que la climatología determina el modo de entender el papel de la población en el entorno en el que se enmarcan. Mientras que los países bañados por la costa norte del mediterráneo como Francia, Italia o Grecia tienen un ánimo volcado a la celebración y a la extroversión, los países que habitan medio año congelados en Europa optan, obviamente, por actividades donde sus vidas no corran peligro a la intemperie. Podemos decir que de su cárcel de oro han hecho una filosofía introspectiva; que un tímido aire a síndrome de estocolmo puede estar incrustado en todo esto. 




Uno de los puntos que podríamos premiar es el de 'las mejores cosas de la vida son gratis'. Es una máxima que no se nos debe quitar de la cabeza en ningún momento. No podemos anteponer un abrazo de un amigo, unas risas entre hermanos, el beso de tu madre, la confidencialidad con tu padre, o esa insistencia de los abuelos en engordar a los nietos, con cualquier cosa material. Lo verdadero y lo que vale la pena en la vida no tiene precio. Además, este país es puro nervio. Pasional hasta la médula. Un romántico barroco donde la pobreza le ha enseñado más de una vez volver a sus raíces que lo hacen grande. España no es un país industrializado en comparación a las venas de ferrocarril que latían en el diecinueve entre los Pirineos y el Danubio. Era una tierra de bandoleros, de gitanos con mucho arte y agricultores, que como mi abuelo, eran sabios por lo que habían aprendido de la siembra y de la cosecha más que en aquellas precarias escuelas rurales de antes de la guerra. 

En la posguerra, obligados a la ruina tuvimos que abrir el baúl de nuestras riquezas para poder sobrevivir. Dinamarca prefiere no gastar por no salir a la calle a escarcharse, en España se prefiere no gastar porque muchas veces no se tiene, pero existe un conformismo con un estilo de vida humilde altamente florecido en elementos inmateriales donde se compromete a la generosidad y a la solidaridad. Convivir nos hace participar en actividades a bajo coste o coste cero muy recomendables, a veces, necesarias y obligadas, para conocernos mejor como civilización. El hecho de compartir nuestro conocimiento y nuestro tiempo ya es mérito de reconocer el compromiso de una sociedad consigo misma.


En el apartado 'El Hygge en verano' podemos ver que hay cierto acercamiento a nuestras usuales costumbres. Aquí en la península, y más aún en Andalucía o la costa Levantina, el astro rey es una figura omnipresente y omnipotente. He de decir que como andaluz los planes que el hygge nos ofrece son demasiado light. Muy bajos en azúcares. Una dieta blanda, en términos gastronómicos. Una combinación entre un plan de adolescentes enamorados y el listado de quehaceres en el tiempo libre de un jubilado en un viaje del Imserso (picnis en la playa, huertos urbanos, pasear en bicicleta...)



En conclusión: el hygge es algo muy interesante. Es una corriente mecida en la felicidad que trata de crear ambientes cargados de energía relajada y positiva para todos sus miembros en el lugar que sea. Compromete ciertos elementos como la luz o las texturas como esenciales en la creación de este tipo de espacios que sirven como templos para descansar y estar tranquilos tanto física, como mental y espiritualmente. Un ritmo descafeinado de vida desde el punto de vista de un ciudadano europeo-mediterráneo que no comparte las mismas condiciones climatológicas y observa como limitadas las bases de esta filosofía. Dicen que Dinamarca es el país más feliz del mundo. Yo pienso que España es también el país más feliz del mundo pero todavía no lo sabe, porque básicamente tenemos la felicidad tan interiorizada que no le damos prioridad en nuestra cultura. La pasión nos ciega y recurrimos a mecheros que aviven la llama y nos mantenga la sangre caliente. 

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Toledo

15:05 Fran Ibáñez Gea 0 Comments



Toledo es una urbe conservadora, una mantilla vetusta de piedra bañada por el Tajo que el Alcázar corona. Guarda en cada uno de sus estilos los tiempos en los que esta villa fue mezcla de culturas y religiones en convivencia, la grandeza de haber sido sede capital de un imperio. 

Exquisitamente volcada al turismo se recorre fácil y cómodamente. Al llegar a la estación de autobuses nos dieron un mapa y nos indicaron con absoluta claridad y en confianza lo que era mejor ver, y así hicimos. Un casco histórico pintoresco vestido de oro y acero destella en sus escaparates. La regia presencia castrense está en sus monumentos al igual que el fuerte peso de la fe de judíos, cristianos y musulmanes. El tiempo no ha consumido su rostro.

Personalmente, dos de sus grandes joyas son la Catedral de Santa María de Toledo, primado de España, y una obra fascinante y embriagadora: el entierro del Conde Orgaz, por el Greco. Este cuadro representa la muerte del señor de Orgaz cuyo cuerpo es tomado por San Agustín y San Esteban, mientras su alma en forma de bebé es cogida en brazos por un ángel y subida a la corte celestial entre la Virgen y San Juan Bautista a la vez que Jesucristo avisa a San Pedro de que le abra las puertas de la vida eterna. Pintado en un único lienzo con unas dimensiones sobrecogedoras para la época, este cuadro es uno de los mayores tesoros que guarda la ciudad y que es visita obligada. 






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