España es una Nación de Ilustres
Su personalidad, su trayectoria, su peso en la historia, la han nombrado durante siglos potencia e imperio. Un pueblo comprometido en el orgullo patrio, que avivada la humildad de su pobreza, gastaron arte para quitar el hambre, pues no faltaba el sol, el tabaco y el vino desde el más pobre hasta el más rico. Una España coronada de mantilla, incensada en sentencia y místicas devotas amarras que unían este pedacito de tierra con lo más divino del cielo. Esa era España, un galeón aventurero que siendo castellano o madrileño emprendieron empresa en los océanos.
Por todo ello, es en el siglo XIX cuando se hacen varias propuestas para crear un lugar sagrado a la patria, un lugar donde rendir homenaje a todos los caídos Ilustres que tanta luz dieron al nombre de España. En el primer proyecto, la Real Academia de la Historia hizo un listado en el que se incluían a Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, Góngora, Velázquez, Jorge Juan, Don Pelayo, el Cid, el conde de Campomanes, Floridablanca o Francisco de Goya. Pero el pasado se apropió de todos ellos y los custodió para que el presente no los alzara. Es por eso por lo que, ante la falta de insignes, el proyecto fue modificado, y en un edificio neobizantino, se creó el Panteón de Hombres Ilustres, acogiendo los restos de Cánovas del Castillo, Sagasta, Canalejas, Eduardo Dato, Ríos Rosas, Mendizábal, Argüelles, Martínez de la Rosa o el marqués del Duero
La muerte de alguno de ellos causó conmoción en la opinión pública de la época, ya que siendo Presidentes del Consejo de Ministros del Gobierno de Su Majestad El Rey Alfonso XIII, fueron asesinados por atentados anarquistas. La grandeza de estas personalidades es brindada por la maestría de Mariano Benlliure, cuyos mausoleos impresionan por la delicadeza en la que en este espacio el trance está presente. El tiempo parece haber cerrado la puerta a este monumento. Sólo Prim y el General Castaños han mudado la piel, volviendo a descansar en el origen de sus raíces.
PANTEÓN DE HOMBRES ILUSTRES
C/ Julián Gayarre 3
A mi paso por la capital de Europa, uno de los lugares señalados en los que hice más hincapié en la agenda de nuestros días en Bruselas fue en los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica: un complejo museístico que alberga las colecciones reales de grandes pintores y artistas, la colección fin de siglo y la del maestro Magritte.
Acostumbrado a las Tres Gracias en la galería principal del Prado, aquí conocí una veintena de obras excepcionales de Rubens. La sobrecogedora Masacre de los Inocentes junto con la Coronación de la Virgen María por la Santísima Trinidad fueron dos de los óleos que más me impresionaron. Los volúmenes que ensalzan el cuerpo humano en las pinceladas de Rubens son una exquisitez. El diminutismo de Brueghel, detalle medido con toda exactitud es asombroso, y de la obra de Van Dyck creo que poco hay que decir que no sepamos, de la misma manera que El Bosco habla por sí solo. Ante tanto flamenco de caras pálidas y redondeadas como lunas menguantes, saltan a la vista José de Ribera y Dalí, que hacen con su arte sentirte como en casa.
También estaba deseando ver la obra de Alfons Mucha, que allí estaba presente aunque de una forma inesperada. En la colección de fin de siglo se combina mobiliario de la época con cuadros, tal es que se ambientan los espacios como habitados. Allí estaban enmarcadas las cuatro estaciones, con su elegancia y sensualidad que tanto caracteriza la obra de este artista. El maestro Magritte, por su parte, llena de originalidad su colección, aportando vanguardia y las nuevas perspectivas provenientes de las corrientes del veinte.
Qué necesario sería que todos supiéramos acerca del arte y maravillarnos con razón de las joyas que los museos custodian. Qué espléndido sería criar una civilización que se sienta reflejada en su pintura, en su literatura, en su música. Que encuentren en las distintas disciplinas una llave a la obligada evasión a la que el ser humano es llamado para escapar de tanta inmundicia y ruido que no nos deja pensar, que no nos deja sentir. Nuestra sociedad tiene un ritmo tan acelerado que sólo el que se permite parar a descansar en el camino puede tomar un poco de aire. El resto vive ahogado en su rutina, cuesta arriba y sin final.
'El arte nos permite encontrarnos y perdernos al mismo tiempo'
(Thomas Merton)

Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica
Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique
Rue de la Règence 3
Bruxelles
El Partal es uno de los palacios de la Alhambra (Granada) que más me ha gustado desde siempre. Cuando era pequeño no paraba de dibujarlo. Era mi obra maestra. La majestuosidad de su silueta sencilla pero plena me transportaba a los cuentos de las mil y una noches, donde la princesa Sherezade le ponía vida a cada una de las oscuras madrugadas. La vegetación que le ronda, el agua que susurra en las fuentes, sin jaleo ni bullicio. Tampoco son muchos los turistas que disfrutan este lugar, pasan de largo entre el Patio de los Leones y el Generalife. Nadie se para a mirar su cara en el reflejo eterno de sus aguas, ni en las historias que sus mil años habrán visto pasar por ellas.
No creo que pueda ser mala la religión que inspiró tanta belleza,
y que colmó de poesía los muros de la Alhambra.
