Classical summer

8:51 Fran Ibáñez Gea 0 Comments


Recuerdo una vez, en los últimos días de mayo cuando estudiaba segundo de bachiller, que mi profesor de literatura universal, poeta, y hoy día muy amigo mío, apareció con unas gafas de sol de cristal redondo polarizadas verde esmeralda, un sombrero panameño y un traje de lino claro con parte de la camisa blanca desabotonada. Aquel personaje, rodeado de niños de instituto en chándal y niñas con el todavía pelo escardado a lo Amy Winehouse era un signo de distinción en sí, y una figura inspiradora. Parecía sacado de Muerte en el Nilo o cualquier obra de exótica narración de Agatha Christie. Qué poco costaba llevar a hombros la elegancia. 

El outfit de este post me recuerda a él. Una americana clásica de lino con un toque fresco y moderno: una camiseta de algodón orgánica (H&M) y unas bermudas, siguiendo los patrones de colores claros y marineros que tanto inspiraron a Jean Paul Gaultier o a la mismísima Coco Chanel. Una llamada a los formalismos actualizados y a la combinación de gamas de color.





 


Americana  -  H & M
Camiseta  -  H & M
Bermudas  -  ZARA
Sandalias  -  EMIDIO TUCCI


Fotografía: Benjamín Gaya


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Denim

11:17 Fran Ibáñez Gea 1 Comments







El denim es uno de los tejidos más reivindicativos que existen. Pasó desapercibido hasta que Levi Strauss los reinventó y ganaron popularidad en la clase obrera americana de mediados del siglo diecinueve. No se quedaría ahí sino que después de la segunda guerra mundial sería el tejido estrella que se impondría en la moda por mucho tiempo. Básicamente su funcionalidad era laboral. Imaginen ver por la calle a los limpiadores, cocineros, y demás trabajadores con ropa diseñada para su oficio yendo a una boda o a una celebración. Ese es el estatus que tenía el vaquero, que no era más que una tela fuerte que protegía a los mineros.

El pigmento azul se hacía en Génova, que a su vez esa tonalidad de índigo procedía de Java e India. La tela de Génova pasó por el inglés hasta derivar en Jeans, que es como muchos conocemos a los pantalones vaqueros en la actualidad. Pocos tejidos nacidos y criados en una clase proletaria, para comodidad y servidumbre del trabajo han conseguido llegar tan alto, llegando a un amplio abanico de toda clase social.

En el siglo XXI, algunos diseñadores como Tom Ford los adornaron con perlas y plumas. Pero fueron Dolce&Gabanna quienes presentaron en Milán los pantalones denim rajados por la rodilla y deshilachados que rememoraban y reivindicaban la finalidad de este tejido para situaciones ásperas y duras, y lo consagraban como héroe de guerra en el tiempo.




Gafas de sol  -  CARRERA
Camisa Denim  -  SFERA
Jeans  -  H.E. MANGO
Sandalias  -  EMIDIO TUCCI

Fotografía: Benjamín Gaya

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Indomable, por Pelayo Díaz

15:35 Fran Ibáñez Gea 0 Comments



Aunque tiene un poco más de 200 páginas, si se lee con entusiasmo se acaba en dos tardes tibias. Y no tarda uno tanto en lo que a las letras refiere sino en la aprehensión de las imágenes que acompañan, que son fiel complemento de lo que las palabras no acaban de pronunciar. 

Cuando leí en katelovesme que sacaba Pelayo su libro a la venta lo apunté en la agenda para el primer día sin falta hacerme con un ejemplar. Así fue que hace una semana acabando todas las gestiones y clases matutinas, a última hora de la tarde me acerqué a la sección de librería del Corte Inglés, donde Trini -quien a efectos teóricos somos completos desconocidos, en la práctica nos hemos intercambiado más de media sonrisa- se puso a buscarlo por alguna parte porque debía estar ya allí. Eso me decepcionó, porque esperaba que el libro, tal como el autor, estuviera ligado a un estreno triunfalista. Y fue todo lo contrario, estaba escondido recién llegado, en un estante bajo y apilados sin mayor publicidad que el canto embalado. Y para ser honestos, hay best-sellers en cartelera que son abono puro que debieran no ser ni escritos, nunca. 

La admiración a Pelayo es extraña. Un amor-odio como aquel que dice, y por eso, conjugando las dos ramas del cielo y del infierno seré sincero. No es una obra literaria. Ni tampoco una autobiografía placentera. No le llega a los talones al Confieso que he vivido de Neruda, ni mucho menos a algún hermano del género. Es un libro de agradecimientos y pequeños reconocimientos. No dice nada. Nada al público, todo a él mismo y su entorno, por lo que podríamos pensar que es alimento para su ego. El formato es más de diario, pero claro, nada que ver con el Diario de Ana Frank o el Diario Íntimo de Alfonso XIII. Se reconoce la fuente, que son sus páginas escritas algún día pasado y que quieren salir a la luz. Se ven las fotos, de un Pelayo joven y radiante, de un novato ilusionado, que hace llover sobre mojado. Son experiencias con poco peso, no llega a transmitir lo que debiera. Su palabra no convence, aunque el título le viene como anillo al dedo. Vicente Aleixandre dijo una vez a un escritor profesor mío: cuanto menos más. Pero una cosa es insinuar y otra es quedarse en la puerta sin llamar ni preguntar. 

Quizá esperábamos más de Pelayo, porque queremos pensar que es toda una promesa y que tiene mucho que contar. Que puede apadrinar una generación entera que sigue sus pasos y con sus vivencias acercar a más gente a ese mundo hermético y confuso que es la moda. Pero no. No diré que ha sido una decepción, porque habrá quien piense ciegamente todo lo contrario. También hay quien compra los libros de Belén Esteban. La edición es bonita, sencilla y párvula. Por eso, aunque no sea ninguna vital aportación como libro, seguro le sirve como ensayo-error para aprender de todo ello. Falta madurez para desarrollar lo que se quiere decir, que estoy seguro es mucho y muy abundante.

Otra vez será. 




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Junio

8:57 Fran Ibáñez Gea 0 Comments


Junio siempre ha sido un mes muy intenso. Los últimos días de la primavera y la bienvenida al verano marcan unas temperaturas peculiares que a veces pueden recoger centígrados de todo tipo. En el sur, apostar por prendas que alivien el calor es apostar sobre seguro. 

Uno de los complementos más útiles que recomiendo a todo hombre es un abanico masculino. El tamaño de éstos es más pequeño que el estándar, dado que el lugar ideal para portarlos es en el bolsillo interior de la americana. Es un instrumento sencillo, elegante y muy práctico para esos días donde el sol no da tregua y el aire subsahariano nos envuelve. Desde los últimos días de mayo hasta mediados de agosto suelo siempre llevar uno encima. De hecho defiendo su uso ante todo vago prejuicio como ya dije en el post Abanico en mano que publiqué el septiembre pasado. 

El aire veraniego se impregna en nuestros colores y en la forma de vestir. Por eso hay que darle el debido recibimiento al estío: con nuestras mejores galas. 



Camiseta  -  ZARA
Pantalones  -  HyM
Bolso  -  MANGO
Abanico hombre  -  ART. MEDINA
Sandalias  -  EMIDIO TUCCI
Gafas de Sol  -  CARRERA

Fotografía: Benjamín Gaya

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