Tena Sicilia Fashion Night

21:14 Fran Ibáñez Gea 0 Comments




He asistido a muchos desfiles. Desde siempre me ha gustado estar al tanto de las novedades, de las colecciones y de la capacidad creativa que tienen los diseñadores para plasmar su arte en envoltorios textiles. Seguramente mi experiencia es muy naif comparada con grandes influencers que vuelcan todo su contenido en las redes, compartiendo la suerte de estar en las pasarelas de primer orden de todo el mundo.

El impacto que la moda genera es incalculable. Y en este peculiar caso, desorbitado. En la profunda España despoblada, la daga castellana en el corazón de Andalucía, que diría Unamuno, Guadix emerge entre barrancos áridos y escarpados, siendo testigo de los cambios a los que estas primeras décadas de siglo somete. En medio de este barrizal, una calle, una venita que conecta lo antiguo con lo moderno, se pone de acuerdo como Fuenteovejuna para llevar a cabo una misión: demostrar el atractivo que ofrecen, reivindicar que el pequeño negocio es el latido económico de la ciudad y que todos juntos son capaces de combatir y sobrevivir a los desafíos presentes. Eso es lo que hace apreciablemente enorme esta noche de la moda. No es alta costura. Ni París ni Nueva York. Es la ilusión de brotar la calidad, el entusiasmo y el sentimiento que cada comerciante aporta en cada venta.

De esta manera, la TSFN estaba siendo un compromiso con unas grandes expectativas que todavía quedaban por ver. Días antes la calle del doctor Joaquín Tena Sicilia era un hervidero de clientes y amigos atentos a detalles filtrados. La agenda ofrecida en el evento era de semejante envergadura que la sorpresa estaba servida. Así pues, llegado el momento la noche accitana despertaba el verano con la TSFN. Ochenta metros de pasarela componía la columna vertebral de todos los comercios que aportaron su granito de arena a este proyecto. Un desfile plural: ángeles bendiciendo la lencería como guiño a Victoria Secret, el toque flamenco a golpe de guitarra en vivo, la integración e inclusión con modelos espectaculares, actuaciones, el diseñador Jesús Salamanca de estreno, pasar por la calle era salir vestido de los pies a la cabeza, todo quedaba articulado en un engranaje preciso. Y era extraordinario, porque quienes le habían dado vida a aquel momento no eran grandes especialistas, pero sí enormes profesionales.  

La pasarela tuvo que poner el cartel de lleno. Hasta la bandera. Un público agradecido respondió positivamente a la labor de sus paisanos, que no tenían mayor ambición que aportar y trabajar para su ciudad, para su barrio, para sus vecinos. La España despoblada se encontró aquella noche menos vacía que nunca. Guadix sirvió de ejemplo para poner en valor lo propio, a sus dos mil años, y tan vigente como siempre.



 Fotografía: Inma Ruíz Monedero

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