Siempre caben las disculpas

12:33 Fran Ibáñez Gea 1 Comments




España es un país de grandes historias. La narrativa que emana el habla hispana ya bate sus alas desde El Cantar del Mío Cid que vuela alto hasta los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, o la reciente Una historia de España de Arturo Pérez-Reverte. Todas ellas se inspiran en la verdad de nuestra cultura, de nuestra gente. Atraviesan los años para adentrarse en hitos que resuenan la costumbre y timbrean las manías. España es un nombre grabado con letras de oro en el reducido club de hegemonías que comandan la historia.

Haber contribuido a dicha gesta no ha sido siempre una delicia. La prensa extranjera de corsarios y tabernas popularizó la leyenda negra que sirvió de acoso y derribo al hacer hispano allende los Pirineos y la mar oceana. La incredulidad de ser buenos enemigos se contagió en carnes propias y la neura de ser descabellados fue asumida. Los negruzcos bajitos y bigotudos de ancha picaresca y pasión desmedida se suponían de lo que eran capaces, aunque toda fama nunca fuera comprobada. Total, aquí, entre los que huyen del desastre de Cuba y piden ponerle siete candados al ataúd del imperio conviven con los que rescatan la espada de Fernando y el cetro de Isabel para hacer cruzadas. La mala gestión que se ha llevado de la historia, la gloria ortodoxa sin revisión de unos y la escéptica humildad acomplejada de otros hace que no se pueda discutir en este país bajo un sentido competente lo que pasó y pasa. Así, la losa del franquismo, que roza el secreto de los sumarios criminales con el orgullo de los beneficiados por el régimen crea un debate de eufemismos y balas disparadas a discreción. El gato con guantes que no caza ratones. Yace controvertida y adormilada la memoria histórica, la damnatio memoriae al franquismo. Se quitan escudos fascistas de la vía pública con cuentagotas. Sacar a un dictador que firmó sentencias de muerte con alevosía de un mausoleo custodiado por Patrimonio Nacional, por el erario público, es hoy aún una gesta que solivianta la opinión de tertulianos y partidos, entre ensalzamientos y rechazos, que no hace otra cosa que evidenciar la párvula noción que tenemos de compromiso con nosotros mismos, con nuestros padres y con nuestra historia. No se puede condenar con la exigencia de hoy lo que en el ayer se actuó de cierta manera. Todo tiene su contexto. Y es ejercicio responsable asumir los episodios que riegan de sangre cunetas y salpican las tapias de cementerios para honra y dignidad de todos los españoles.

En este barullo enmarañado con nosotros mismos y el pasado que nos gobierna, llega el presidente de México López Obrador, por misiva, para sugerirnos que sería bueno pedir perdón, como rescate a la moral, por los posibles crímenes que en nuestro nombre, el de nuestro rey y el de nuestro dios, Hernán Cortés y sus parecidos acaudillaran. No. Sin más. No ha habido cabida a la reflexión, a la revisión. Como siempre ocurre. Viva España manquepierda. Así de viscerales somos. Si los soberanos hispanos hicieron leyes para proteger a los indígenas no sería porque estuvieran éstos hartos de comer helados en tumbonas. Si Bartolomé de las Casas se dio cuenta de que habiendo mandado a lo más desaprensivo al nuevo mundo trajo consigo la vejación racista y fue aliciente, en parte, al exterminio y caída de imperios y culturas ya establecidas, quizás, quizás y sólo quizás, cabe en responsabilidad propia pedir perdón hoy. Porque unas disculpas nunca están demás, ante la gratitud con la que deberíamos reverenciar a México, por los barcos cargados de oro y por los republicanos con maletas de cartón, hambre y piojos a los que Lázaro Cárdenas permitió refugio. Esto no es un castigo al imperio español. Esto no es una deshonra para todos aquellos hombres buenos que dieron su vida por engrandecer nuestra cultura con el sable y la cruz. Esto no insulta a la Felicísima Armada de Su Majestad o a los gloriosos temibles y bizarros Viejos Tercios de Flandes. Esto es por todos aquellos, que siempre se cuelan entre líneas con machete de frivolidad por los que España responde. 

Si la reina Isabel II no hubiera pedido perdón en nombre de su país por el asesinato a un héroe de guerra como fue Alan Turing o por la intervención en la guerra de Irak; si el gobierno español no hubiera hecho lo mismo con los judíos sefardíes expulsados; o la Cámara de Representantes de Estados Unidos con la comunidad afroamericana por la consentida esclavitud, viviríamos en un mundo obsceno y oscuro asolado en la derrota continua, dándonos golpes de pecho por ser malas personas.


1 comentario:

  1. "viviríamos en un mundo obsceno y oscuro asolado en la derrota continua, dándonos golpes de pecho por ser malas personas."

    y acaso no es así como vivimos?

    PD: Tu amigo sin talento Forfast recomendo tu blog, la verdad que lleva razón, porfin algo que conozco a traves de Forfast merece la pena invertir tiempo en conocerlo.

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